Andes Ecuatorianos 2020 - El Punto mas cercano al sol.

Tras 4 años, regreso a las montañas de Ecuador con amigos con el objetivo de ascender 3 cumbres. El relato narra la travesía de conquistar el Volcán Nevado Cayambe y Chimborazo, enfrentando el frío intenso y la escasez de oxígeno, hasta alcanzar la cima y vivir emociones intensas e inolvidables en lo más alto. ¡Una aventura repleta de obstáculos y logros que merece la pena ser contada!


Han pasado casi 4 años desde la última vez que estuve en la montaña, por invitación de mi amigo mexicano Armando Ruiz, estamos nuevamente en Ecuador, nos apoyara el amigo ecuatoriano Franklin Vaca, y el objetivo es subir 3 montañas.



Para mí el viaje empezó en Florencia Caquetá ciudad en la que vivo desde hace 7 años ubicada a 400 msnm, luego de unos meses de entrenamiento, salgo vía terrestre cargado de equipo y una mezcla de alegría, temor, ansiedad…  ingreso por el paso Fronterizo San Miguel ubicado entre los límites del Putumayo y Nueva Loja Ecuador, pasando poblaciones como: Pitalito (Huila), Mocoa y La Hormiga (Putumayo), desde allí pasada la frontera, la primera ciudad ecuatoriana es Lago Agrio desde donde voy en bus hasta Quito ubicado a 2850 msnm, la sola llegada a esta ciudad ya me hace sentir la altura, un poco de dolor de cabeza es uno de los síntomas.

Luego de un día de descanso, vamos a subir al Rucu Pichincha de 4690 msnm, como parte del proceso de aclimatación, el ascenso empieza en Quito a las faldas de la montaña tomando un teleférico que nos lleva a 4.000 msnm, desde allí empieza la caminata y en 4 horas ya estamos en la cima de la montaña, el día es soleado, hay varias personas subiendo, luego viene el descenso hasta Quito y al día siguiente descanso.


Llega el ascenso al Volcán Nevado Cayambe de 5790 msnm una montaña esquiva, salimos en bus desde Quito hasta la ciudad de Cayambe, allí contratamos una 4 x 4 que nos lleva al Refugio Rúales-Oleas-Berge ubicado a 4600 msnm, debido a inconvenientes en la logística incluyendo el permiso de acceso, hemos llegado tarde al refugio, apenas tenemos tiempo para organizar el equipo, cenar dormir 3 horas y a las 11:15 pm nos levantamos para organizarnos y empezar el ascenso:


El comienzo es un camino por terreno arenoso y pedregoso, luego desaparece, llegamos al inicio del glaciar donde nos ponemos el equipo necesario, nos unimos con una cuerda y empieza el ascenso por una serie de grietas con puentes de hielo muy sólidos, el frio y el viento están muy fuertes, constantemente recibo ráfagas de viento cargadas con cristales de hielo en la cara, que me impiden ver bien, seguimos ascendiendo, el frio sigue muy fuerte las manos sienten el rigor a pesar de los guantes, intento tomar liquido continuamente pero en un momento el sistema de hidratación se ha congelado y no puedo beber, el hambre también me ataca pero debido al frio no es fácil parar a comer pues el cuerpo se enfría rápidamente al quedarse quieto, saco algo de la chaqueta para comer pero no logro abrirlo.

Seguimos avanzando, pero llega un momento donde la falta de hidratación y el hambre surten efecto, les digo que para mí es difícil continuar así; el mal tiempo arrecia y en consenso decidimos regresar estando a 5.400 msnm, aunque solo faltan 300 m de desnivel para llegar a la cumbre con las condiciones del tiempo y el ritmo que llevamos podrían ser 3 horas. En el descenso el viento continua muy fuerte, de hecho cerca al refugio Armando es tirado al piso por el viento, el camino de roca y arena que normalmente los turistas recorren sin problema se ha llenado de nieve y hielo lo cual lo hace inseguro, finalmente llegamos al refugio, desayunamos, recogemos el equipo y luego regresamos a Quito donde descansaremos un día.

Chimborazo, el punto más cercano al sol.

El Chimborazo visto desde la ciudad de Riobamba.

Campo Alto 5.400 msnm
Llegada al Campo Alto
Estamos en el Terminal de Quitumbe en Quito, tomamos un bus hasta la ciudad de Riobamba, a donde llegamos a las 7 pm, allí nos hospedamos en la casa de Franklyn, al día siguiente un vehículo nos lleva a 4.850 msnm cerca al refugio Carrel, hemos llegado a las 5 pm más tarde de lo planeado debido a inconvenientes con el permiso y la hora de ingreso al parque natural, alistamos los morrales y ascendemos al campo alto ubicado a 5.400 msnm al cual llegamos con las ultimas luces del sol a las 7 pm, nuevamente apenas nos da tiempo para cenar, sacar las bolsas de dormir y a "dormir", el frío es tan fuerte que solo concilio el sueño por instantes cuando mi cuerpo
deja de temblar. La alarma suena a las 12:30 am es hora de subir, el protocolo es el mismo, comer algo, ponerse las botas, el equipo y empezar el ascenso, cual luciérnagas la montaña se ve adornada de las linternas de otros montañistas que al igual que nosotros intentan subir a la cumbre, el clima es excelente a pesar del frío pasado al intentar dormir.

El camino empieza por una zona de rocas y arena suelta que genera gran incertidumbre al avanzar, trascurrida 1 hora Armando manifiesta no sentirse bien, nos reunimos más adelante hablamos y  el decide regresar al campamento en un acto de solidaridad con el equipo para ayudar a lograr la cumbre; continuamos con Franklyn, llegamos al glaciar, nos unimos con la cuerda y seguimos el ascenso, el crujir del hielo bajo los pies es una sensación única, es el sonido de la montaña, es el compás musical que se mezcla con tus pensamientos, el tiempo continua tranquilo y las condiciones de la nieve son muy buenas. 

El clima sigue generoso, pero ahora la altura empieza a menguar mis fuerzas, realmente no soy solo yo, veo otros equipos que también tienen que ir parando constantemente para lograr tomar el oxígeno que disminuye a medida que se sube; al llegar a los 6.100 m, le digo a Franklyn que creo que ya es suficiente, sin embargo él me dice que sigamos a un ritmo más lento.


Seguimos avanzando,  en mi mente lo único que hago es pedir a Dios fuerzas para llegar a la cumbre, paso a paso el nuevo día se abre ante nuestros ojos, aparece la cumbre Veintimilla, la adrenalina del momento me inyecta fuerzas, para seguir a la cumbre máxima la Whimper a 6260 m, los últimos metros son conmovedores para mí, son casi 6000 m de diferencia entre la ciudad que vivo y donde estoy, me parece increíble, agradezco a Dios, en mi mente están los recuerdos de mi esposa Yenni, mi pequeño Matías, familia, amigos, y las lágrimas no se hacen esperar rodando por mi rostro frío, somos los primeros en llegar, abrazos de felicitaciones luego llega una pareja, mas abrazos y mas felicitaciones entre todos, las demás cordadas llegaron a la Veintimilla.

 El frío en la cumbre es mayor sin embargo es el momento de las fotografías, una oración en la cual le expreso mi agradecimiento total a Dios y viene el momento de descender.




El descenso es lento, la posición de los pies es incomoda sumada al desgaste por las pocas horas de sueño y el ascenso, hacen que este proceso sea tedioso, a las 8 am terminamos el glaciar podemos quitarnos parte del equipo y seguir bajando, los últimos metros ya con la luz del sol permiten ver las condiciones del comienzo de la ruta, hacia arriba rocas que parecen sostenidas de la nada, y hacia abajo rocas y arenales que descienden sin límite, fue la parte más estresante del descenso. 

Sobre las 9 am llegamos al campamento, allí está Armando con sinceridad nos felicita por la cumbre, la cual logramos también gracias a su decisión de descender en la madrugada cuando no se sentía bien, pues si esto hubiese pasado más arriba los 3 tendríamos que haberlo hecho y haber renunciado juntos a la cumbre.

Luego de desayunar y recoger el equipo descendemos hasta el sitio donde nos recoge el vehículo, de allí a Riobamba, un baño, almuerzo, organizar equipaje, algo de descanso, a las 8:00 pm estoy en el bus rumbo a Colombia y al día siguiente finalizando la tarde estoy en casa junto a mí familia.




Parece locura subir una montaña para estar en la cumbre solo unos minutos, quizá sea así, pero sentir lo que se siente, ver el infinito horizonte, la poderosa creación, lo minúscula de la vida y lo pasajera que es, la fuerza que el Creador ha puesto dentro de nosotros… vale la pena esta locura, sumado a todo el proceso ver el sueño en la mente, cada entrenamiento, las emociones antes del viaje y si es posible llegar a la cumbre, sin olvidar que allí solo vamos por la mitad, aún queda el regreso a casa.
Luego de 4 años reflexiono acerca de lo que digo que soy y lo que realmente soy, pues en mi concepto en el área deportiva soy montañista, pero 4 años sin ir a la montaña? aunque este en mi corazón pone en entredicho esta afirmación, ojalá podamos realmente ser lo que decimos, por mi parte intentare ser un montañista y poder contar mas aventuras como esta, en las demás áreas también asumo el compromiso, que Dios los bendiga!!!