La vida es sueño - Aconcagua - El techo de América

Un viaje lleno de desafíos, sueños y gratitud se despliega en la montaña más alta de América, el Aconcagua. Con intentos fallidos, momentos de soledad y la determinación de alcanzar la cumbre, esta historia nos lleva a reflexionar sobre la perseverancia, la fe para cumplir un sueño largamente acariciado.


La vida es un sueño y los sueños, sueños son, así lo escribió Pedro Calderón de la Barca, una frase que resonó en mi mente durante muchos años, hoy pasado el tiempo, habiendo Dios cambiado mi modo de pensar esa frase sigue haciendo eco en mí, pero modificada, la vida es sueño y los sueños son para cumplirlos pienso yo, Dios me enseñó a soñar, y a creer q los sueños se cumplen en El.

Uno de mis sueños era escalar el Aconcagua la montaña más alta de América, Durante cuatro largos años, intenté hacerlo en dos ocasiones, pero algo siempre se interponía en mi camino. Finalmente, el 24 de febrero del 2012, estaba en el aeropuerto, listo para partir hacia Santiago de Chile.


En Santiago conocí a 2 brasileros que también iban al Aconcagua, pero solo hasta Confluencia, donde me despedí de ellos. Ademir y Paulo me insistieron en que llevara un radio de comunicaciones que me prestarían. Hicimos una oración y seguí solitario mi camino a Plaza de Mulas; el camino fue agotador, lleno de desafíos, era un día muy largo. A pesar de hacer el recorrido en menos tiempo del que esperaba, el viento levantaba nubes de arena que hacían difícil la marcha. Me sentía en un desierto, sumado a la soledad, me hacía pensar en momentos ¿qué hago aquí?

Ya en Plaza de Mulas armo el campamento, la temporada está llegando a su fin y esta ciudad enclavada en la montaña pronto desaparecerá. Luego de aclimatar, hago el primer porteo de carga hasta Nido de Cóndores, llevo comida, y equipo para intentar subir a la cumbre; durante el camino cruzo algunas palabras con un porteador argentino, ya en Nido hablo con él, debe armar una carpa, pienso entonces en bajar, pero al ver que son las 5 pm, hay un viento fuerte y frio, le ayudo en esta labor, luego descendemos por la ruta más rápida que el conoce, antes de llegar a Plaza me  indica cual es la carpa donde se reúnen los porteadores a comer y entonces suenan palabras que realmente reconfortan mi ánimo, "pásate esta noche a comer...", ya estaba cansado de comer pasta instantánea y mi cuerpo quería comida real, se pasa por mi mente un asado argentino, además me pregunto "sos vegetariano?", nooo el día anterior me deleite con una hamburguesa sencilla con Coca-Cola por US$20(Realmente muy sencilla, pero q sabe a gloria luego de llevar 6 días sin comer carne).

Llego la hora ir a la invitación, camiseta y saco limpio (Que pena llegar con golpe de ala). Conversamos un rato y luego salen pizzas del horno de todos los sabores, Dios mío gracias, que delicia, todos quedamos llenos, hasta quedan pedazos en la mesa, ¿será que pregunto si me puedo llevar un pedazo? Nooo, que no se vea el hambre.

Al día siguiente subo nuevamente a Nido de Cóndores donde estaré los próximos días, organizo el campamento, hago las labores normales, buscar agua o derretir nieve, cocinar, hidratarme. En la noche el viento en una fuerte aparición, me preocupo, pensando que la carpa se va a romper, pero contrario al mal tiempo, sueño con Dios, me habla y me dice q está deteniendo los vientos para que pueda subir. 


La siguiente noche el tiempo sigue igual pero la tercera noche el viento se calma, decido hacer el intento de cumbre, salgo a las 5 am, no hay viento, sin embargo transcurridos unos minutos hace su aparición, en el campamento Berlín, el viento se hace más fuerte, sigo avanzando, veo el campamento Cólera desde donde saldrían de un reality a intentar cumbre pero no veo ninguna luz, a 6300 m veo una pequeña luz cerca de  la ruta, pregunto quién es, nadie responde, siento algo de temor, me acerco y veo q es un grupo de personas q están cubiertas con una especie de manta, son japoneses supongo están esperando q el viento calme, sigo mi camino, llego al campamento Independencia entro en el refugio semidestruido por el rigor del tiempo, y espero un poco, al rato llegan los japoneses pero deciden regresar, espero un poco, me pongo los crampones y continuo, el viento arrecia, casi me tumba así, que doy marcha atrás. Paso por Cólera hablo con los del reality y me cuentan q en la noche el viento rompió 3 carpas y por eso no han intentado la cumbre. Sigo mi descenso hasta el campamento, allí pienso acerca de lo sucedido, analizo la situación, poca comida, poco gas, sin agua, quizá deba bajar hasta Plaza de Mulas para aprovisionarme, me siento cansado, pienso en abortar el intento de cumbre, quizá ya tuve mi oportunidad y tendrá que ser en otra ocasión, el desánimo me ataca, en medio de estos pensamientos llega lo que me ha sostenido en muchas ocasiones, hago una oración y leo la biblia: mira a la hormiga o perezoso, mira sus caminos se sabio...  perezoso ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantaras de tu sueño? ¡que palabras!, analizo el esfuerzo y la inversión realizada, los días entrenando, el avance alcanzado, definitivamente hay que hacer otro intento, esta escritura me da un nuevo aliento, me levanto, voy a buscar agua y exactamente una de las lagunas de hielo ha descongelado y lleno mis depósitos, voy a hablar con los Guarda parques de La Patrulla de Rescate para ver si tienen algo de gas, en esto conozco a Federico un Mendocino cristiano que va a subir a la cumbre al día siguiente, quien me invita a intentarlo nuevamente a no desfallecer, comparto un rato con ellos, es como si Dios estuviera haciendo todo de nuevo, regreso a mi carpa y agradezco a Dios por todo y con nuevos ánimos me preparo para intentar al día siguiente.

Son las 4.30 am, nuevamente hacia la cumbre, el clima es  excelente, en el campo Independencia, crampones y a seguir la ruta, los últimos metros son eternos 4 o 5 pasos y parar para respirar, se ve tan cerca la cumbre y realmente es cerca pero el efecto de la altura se siente; llega el momento esperado y anhelado de pisar la cumbre de América a 6.962 m, fotografías, lagrimas, una sensación única, agradecimiento a Dios, al sacar la bandera de Colombia siento algo muy especial, ese sueño anhelado se está cumpliendo.


 Ahora a descender, en el camino nos encontramos con los de la patrulla de rescate, ya están por llegar a la cumbre. El descenso continua, Federico esta extenuado le ayudo a bajar su equipo y me adelanto, llego a Plaza de Mulas voy a saludar a la Patrulla quienes subieron a la cumbre y bajaron rápidamente, ellos ya bajan pues su turno en el puesto de Nido de Cóndores ha terminado, me despido y entonces dicen "esperaaa, te preparamos algo de comer", me deleito con un buen trozo de carne frita, espectacular, que sabor, creo que es la mejor carne que he comido y lo será por mucho tiempo, feliz de esta despedida me voy a desarmar el campamento, a las 8:30 pm, empiezo el descenso (Parece tarde pero en esta época a esa hora aún no llega la noche), sobre las 10 pm ya veo Plaza de Mulas, ha oscurecido y no encuentro el camino, busco a un lado, a otro y nada, estoy muy cansado para armar la carpa, no tengo agua, pienso que una mala noche se pasa en cualquier parte, entonces recuerdo que llevo el radio de comunicaciones que no quería recibir de los brasileros, lo enciendo oprimo los botones “alguien me copia” repito una y otra vez, nada, al fin oprimo el botón que es y me hablan de la patrulla de rescate, uno de los guardas sube a buscarme, perdido a 10 minutos del destino, estaba tan lejos que el rescatista viene en chanclas, así llego a Plaza de Mulas donde el jefe de los porteadores me permite pasar la noche en la carpa comedor, y me invitan nuevamente a comer.

Llego la hora de despedirse, agradecimientos a todos los que me acogieron en esta aventura, contrato la mula que llevara la carga, y solitario como llegue retorno caminando hasta puente del inca, una ducha caliente luego de 10 días sin bañarme me recuerda esos placeres sencillos de la vida, que a veces no se valoran, comó algo y espero el bus que va hasta Mendoza a donde llego a media noche, al día siguiente algo de turismo, en la noche Rumbo a Santiago donde paso un día, al siguiente vuelo Santiago-Lima-Bogotá, 9:30 pm en la casa y al día siguiente al trabajo con pico y placa, la vida vuelve a su cotidianidad pero mi mente aún tiene los recuerdos vivos de la expedición, recordándome la importancia de seguir soñando y luchando por alcanzar mies metas. ¡Dios gracias!